les bons hommes

OTRA MARÍA

La tradición cátara sobre María Magdalena

Desde el libro del beato Yohann “Otra María”

María de Magdala es la madre de la dinastía mesiánica que incluye en sí el Inicio Crístico: Su hueso de madreperla y las partículas de mirró en la sangre. Porta la espiritualidad del amor demente y la concepción inmaculada desde lo alto. A través de ella, por primera vez fue manifestado al mundo el potencial teogámico de los discípulos de Cristo. María se unió a Cristo en el tálamo nupcial del corazón. Realmente, ella se disolvía en Él. Cristo no la abandonaba ni para dar un paso.

Detrás de ella caminaban multitudes. María Magdalena, en el catarismo, representaba el matrimonio espiritual con Cristo. De ella se enseñaba como de una divinizada por el Cristo-Novio (a diferencia de la Madre de Dios, que fue perfectamente divinizada por el Padre a través de portar el Niño Divino en sus entrañas).

Ella, hasta el día de hoy, es una imagen perfecta de la mujer solar seráfica . Todo su ser es penetrado por las partículas del amor hacia Cristo. Fue la primera que conoció lo pasional grande e ilimitado, muriendo repetidamente, pasando las puertas mortales y resucitada por Cristo. En los días terrenales, ella mereció verlo en la gloria, en el trono de Nuestro Padre.
Después de la Madre de Dios, María es la grandísima de las reinas-instructoras de la escuela teogámica. La reverencia hacia María Magdalena devolverá a la humanidad al Cristo auténtico tal como Él es. En el catarismo se la venera, al lado de Juan Evangelista, como la madre de la nueva Iglesia cátara. María Magdalena dará la protección espiritual a sus discípulos.

Sobre ella casi no hay ninguna palabra ni siquiera en el más hermoso de los Evangelios –el de Juan. ¡Cuántas lanzas han roto los teólogos en su comprensión de la Virgen María como Teotokos , Madre de Dios, Virgen Eterna, Corredentora!.. Pero la memoria de María Magdalena es borrada. La ven, como antes, “una ex-puta”, una sonámbula que por su desesperación echaba sus brazos atrás frente al sepulcro del Señor.
Una Madre Divina no es suficiente, niño mío. En los evangelios figura la “otra María”. Para confirmar mis palabras te citaré el Capítulo XX de Juan.
Ya en el día de Resurrección, Magdalena llegó la primera al sepulcro, la primera que mereció verlo resucitado. Él se le apareció al instante. De ella cuidó. En ella vio Su herencia, Su tálamo nupcial, su aposento de la teogamia .
Niño mío, Cristo seguiría siendo mental, virtual, sin el misterio de los misterios, María Magdalena.

¡Cuán poco se refieren a la santa María Magdalena! Mientras tanto María fue la segunda, detrás de la Madre Divina que se convirtió en “el molde” para los caballeros y las vírgenes del Grial. Imitando a la Santísima Virgen, quería sustituir para Él la Madre Divina. Y Le amaba extática y dementemente.
La Sabiduría apenas puso en la “otra” María menos que en la primera, la Madre Divina. La Santísima Virgen fue la primera divinizada. A continuación de Ella, Maria Magdalena. A continuación de María Magdalena, Juan, el amado discípulo. Luego, José el Dulcísimo, José el Magnífico, el heredero real, el infante augustísimo de la dinastía del Altísimo.

María Magdalena concibió del Señor. Esto significa: en nadie más Él entraba tan estrechamente, a nadie más se confiaba así, en nadie más encendió así el fuego del divino amor.
¡Cuántas veces María se arrepintió de sus pecados, comprendiendo con pena: ¡sus romances amorosos fueron un sueño profundo!
- ¡Oh, si yo hubiera sabido antes de Ti, Amado Divino! ¡Mi Divino, Mi Dios, Mi Vida! ¡Qué hermoso eres! ¿Por qué nadie te vé? ¡Si yo pudiera dar mi vida por Ti! ¡Si yo pudiera dar por Ti diez vidas! ¡Si yo pudiera apostolar como los apóstoles para Ti! Pero soy sólo una mujer y también pecadora, curada por Ti. Era suficiente para Ti sólo decirme: “Mira, no peques más”, y yo del todo olvidé el pecado. Era suficiente para Ti mirar en el mismo corazón mío, para que Tú hayas encendido en mí el fuego del amor celestial. Y en él se encendió una pequeña zarza ardiente. Y yo vi el fuego en el cual entró Moisés al oír la voz del Altísimo.

OTRO CRISTIANISMO, EL CRISTIANISMO DEL PURO AMOR

El motivo por el cual la Iglesia de Pedro ha tachado de los pergaminos históricos cualquier recuerdo de María Magdalena, es que a María le fue encomendada desde lo alto la misión de construir la Iglesia verdadera. Los fariseos han aplicado el máximo de los esfuerzos para presentarla como una “prostituta penitente”. Así hacen ellos continuamente con los virginales: les atribuyen la corrupción.
María fue la primera discípula perfecta de Cristo, colmada del Espíritu Santo despues de la Madre de Dios. La Misma Santísima Virgen la envolvió en los atuendos virginales y puso en ella la plenitud de Sus dones y sellos.

María Magdalena es el símbolo de la Sagrada Teogamia eclesiástica. Siempre anhelaba permanecer, sin ausentarse, con Cristo. El mirró de Cristo del Segundo Advenimiento como su Bienamado, el compuesto mírrico del Grial, lo llevaba en sus manos Su novia que estuvo plenamente divinizada por Él, penetrada por el mirró hasta lo más profundo de sus huesos.
La primera gran sabia anciana relicaria de la Iglesia verdadera hasta la hora de hoy, presta su protección a aquéllos que aceptan el cristianismo como el amor enloquecedor hacia el Ungido, el portador de la sabiduría del Padre del puro amor.

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De ella no se sabe nada, al igual que de Juan el Evangelista (aparte de su Evangelio). Pero nosotros custodiamos el otro Evangelio de Juan y de María Magdalena.
De origen de una familia rica, María desde su infancia se sentía huérfana. Perdió a su madre a edad temprana. El padre fue un hombre rico muy ocupado (un comerciante o aristócrata). Desde su infancia, María Magdalena tenía visiones de un Mensajero Perfecto desde el cielo, el Cual se hará su Esposo prometido y a Quien ella dedicará su vida. María buscaba a Él. Muchos novios pedían su mano, pero los rechazaba uno tras otro en favor de su Prometido, su Ungido del cielo.
Caminaba de forma profundamente cansina, a menudo muriendo y resucitando... Todo su ser era preparado para la cumbre del matrimonio teogámico experimentado por ella.
La Madre de Dios la preparaba desde mucho tiempo atrás para las novias espirituales de Cristo. María Magdalena era la discípula amada de la Santísima Virgen. Su amor hacia Él era el más demente de los dementes, como no es posible en la tierra. Pero sólo así debía la creación mortal honrar la Divinidad de Cristo. Cristo realmente se sumergía en los rayos de su amor. En la persona de ella Él se revelaba a la humanidad del siglo futuro. Le llamaba Madre del nuevo pueblo de Dios, que físicamente había concebido el niño divino de Cristo.

Al igual que a la Madre de Dios, los fariseos la han entregado a la maldición eterna (el cuarto nivel de “jerém”) y quisieron lapidarla como a una ramera. Por la reputación de la ramera, ella está “obligada” a los judíos que celosamente espiaban las relaciones mutuas de María Magdalena y de Cristo. Los Rabinos le atribuían fornicar con Cristo.
María decía a Cristo: “¡Dulcísimo, conduciré a Tus pies a Toda la humanidad! No me calmaré hasta que no vea el mundo amarte como yo Te amo”. Le componía las canciones de amor y enseñaba a amar hasta perder el sentido. Deliraba con Él, casi no salía de su choque. El choque de amor en su corazón momentánemente se difundía entre los discípulos y fundó la escuela del Santo Grial.
María no salía de estos choques iluminadísimos. El primer choque que sobrevivió aún desde su nacimiento, es estar totalmente fuera de este mundo. María Magdalena ha venido a la tierra para una tarea misteriosa. Todo lo terrenal le fue ajeno. Las chicas jugaban con los chicos, y María se entregaba a cualquier ensueño maravilloso, le gustaba recoger flores y hacer las preguntas no terrenales...
Su segundo choque fue vinculado con el encuentro de Cristo. Lo reconoció de inmediato. Fue Él, a Quien ella vio en sus sueños desde su infancia, su Bienamado a Quien esperaba.
El tercer choque está vinculado con la muerte y resurrección de Él.
El cuarto, con la angustia mortal y concepción inmaculada.
El quinto, con la gestación del niño divino.
El sexto, con el nacimiento de José el Magnífico, hijo de Cristo.
El séptimo, al encomendársele el Cáliz del Santo Grial.

La divinización a través de la Inmaculada Concepción

La divinización de María se cumplió en el momento de la concepción inmaculada y de la gestación de José el Magnífico, el hijo de su matrimonio espiritual con el Salvador. Así como también la Madre de Dios, María, al pasar muchos años de su pasional vinculado , con la necesidad de esconder el Cáliz Crístico, mereció la dormición, y después, con sus atuendos inmortales, fue elevada al Aposento Nupcial con su cuerpo y alma, como la novia de Cristo.

...Sucedía a veces, cuando Él casi se olvidaba de la Madre de Dios y ponía en el corazón de otra María.
Su amor hacia los adamitas fue demente. El amor hacia María, más que demente. María Magdalena concibió en el momento en que Cristo le dijo:
“Yo he muerto por el amor hacia ti, María. El fruto de nuestro amor es José concebido inmaculadamente. Te he probado cuán hermoso es el Tálamo Nupcial de la Divinidad”.

Su concepción, por su calidad, se distingue de la leve concepción inmaculada de la Madre de Dios. En su pasional grandísimo de la angustia mortal, María de Magdalena no tiene precedentes.
Esta concepción fue abrasadora. El corazón de María fue traspasado por un dolor increíble, como si se le destrozara en trozos. Y María vio la cruz de fuego entrar en su corazón y un niño divino de fuego por encima.

Éste fue el hijo, nombrado José según la bendición de Cristo. Inmediatamente después de su nacimiento, descendió sobre él la gracia del Espíritu Santo.

José el Magnífico

José el Magnífico fue el vivo retrato de Cristo. El parecido de José con el Salvador fue tan sorprendente que María a menudo decia: “Yo no tengo nada que ver con Él. Su madre es la Santísima Engendradora, la Madre de Dios. Este niño es Cristo multiplicado misteriosamente”. “Y tú, Madre de Dios multiplicada” –decía a María Nuestro Salvador–, y su júbilo común no tenía fin.
El Salvador nombró a María “la segunda teotokos” porque ella portaba en su seno la semilla divina preciosa crística. José, para ella, era lo mismo que el segundo Jesús. Bajo el nombre “José”, según la bendicion de Cristo, María entendía el nombre misterioso del Padre del puro y santo amor. José, “Yo-o-Sef”: Sofía, Sabiduría divina. Así María explicaba el nombre de su hijo y añadía: “Yo parí al hijo de la Sabiduría del Cristo de la Gloria, de mi Novio divinísimo”.

Pero la concepción inmaculada del hijo, de una angustia mortal, fue sólo inicio de las beatitudes del Aposento Nupcial para esta pareja teogámica. María concebía de su angustia mortal por Él en cada uno de Sus discípulos. Su angustia mortal crecía proporcialmente al número de ellos, y a cada uno de los nuevos discípulos convertidos del santo amor (así hablaba) ella les llamaba “el recién nacido José el Magnífico”.
“Yo experimenté a Cristo desde mi interior. La experiencia más preciosa, hijos míos, que yo podría transmitiros, es cómo yo portaba al cristo menor en mi interior. La concepción y nacimiento de José el Magnífico es el signo que cada uno de los discípulos de Cristo, es un cristo menor. Y yo, desde los siglos, soy la madre de los cristos menores, la madre de todos los ungidos que nacen en la tierra”.
Así instruía posteriormente María Magdalena.

El Evangelio de María Magdalena

Entre los Cátaros circulaba clandestinamente (sin amplia divulgación) el Evangelio de María Magdalena, donde María narraba sobre su visión de Cristo como de una Divinidad viva y sobre su loco amor hacia Él.
La misma María no escribía nada, excepto unas breves notas (las cuales estan, por tanto, llenas de sabiduría). Pero detrás de ella siempre caminaban con su rápida escritura, un hermano o una hermana. La segunda divinizada, la mirró-ungida, la madre de las divinidades grandes y menores en Cristo, la reina del universo de los ungidos, la menor reina celestial, elevada al séptimo cielo en pos de la Madre Divina (éstos son solamente algunos de los títulos atribuidos a ella por el Cielo...) narraba lo que le decía el Señor.

Tales Evangelios eran varios. Aún en el siglo I, el Salvador revelaba a María Magdalena los misterios que fueron comunicados a las grandes mujeres mirróforas del tiempo reciente: a María Valtorta, a María Consolata, a Ana-Caterina Emmerich... El Señor se le aparecía y le dictaba Sus mensajes. Éstos fueron los mensajes del amor y de la Sabiduría.
María tomaba nota después de Cristo de Sus palabras sobre el origen celestial de los humanos, sobre el dolor del Señor a causa de la caída de Adán, de Su lucha con Lucifer, de los misterios del siglo futuro. No cesaba de sorprenderse por la novedad inaudita de la enseñanza ofrecida por Cristo, de su absoluta incorrelación con ninguna otra religión mundial. Veía Su relación extremadamente hostil hacia el judaísmo, Su sufrimiento por lo que el oponente vá a alterar su enseñanza y a esforzarse en trasladarla a su trono...
María a menudo profetizaba sobre los tiempos cercanos y últimos. En la mayoría de los casos, sus profecías se cumplían. Ella es la madre protectora de todos los ancianos y ancianas sabios, profetas y profetisas, custodios y custodias, santos y ungidos de la Iglesia Crística, al igual que Juan.
Los escritos de María Magdalena gozaban de una popularidad increíble entre los teogamitas eslavos. Los consideraban idénticos al Evangelio de Juan y aun mayores.
Los consideraban invalorables. Con ellos se instruían decenas de generaciones. Los millares de almas lúcidas podían oír la voz de Cristo en primera persona, impresa en el Evangelio de María Magdalena.
El Evangelio de María Magdalena no es comparable con nada. El sol del amor, impreso en él, puede ser nombrado como el Sol de los Soles de la teohumanidad.

El Cáliz personificado del Santo Grial

Cristo la proclamó su heredera. En ella y en José de Arimatea Él veía dos custodios del Grial.

María, junto con José de Arimatea, se hizo custodia del Grial. El Grial elegía al mismo tiempo un custodio y una custodia. Se consideraban iguales frente a Cristo. La equivalencia de las hipóstasis (masculina y femenina) se mantenía por su mutua transmutación.
El Cristo del Grial decía: “Amaos los unos a los otros más que a la vida. Amaos, dándoos hasta lo último el uno al otro, y el enemigo no podrá infiltrarse. El maligno tiene poder sobre todas las cosas: sobre los pensamientos, sobre la mente, sobre todo vuestro ser, excepto la perla del supremo amor que Yo os di. A ésta sola, apreciadla, no dejándola de las manos. Por ella sola transubstanciaos el uno al otro”.
José de Arimatea y María Magdalena fueron los primeros custodios del Santo Cáliz. Desde aquí procede el factor común de los nombres del último entre los doce hijos de José (José el Menor) y del hijo de María Magdalena y del Salvador (José el Magnífico). Ambos posteriormente se han hecho reyes y custodios del Grial.

María Magdalena custodiaba el Grial según la tradición de la Misma Sabiduría y Santísima Virgen Madre de Dios. Raramente lo exponía para la adoración. Pero de todo su ser (hasta las vestiduras y cabellos) emanaban los aromas del Santo Cáliz.
El compuesto de su cuerpo era mírrico. La mayoría de los discípulos ni se sorprendían al saber que ella, como la Divina Madre, en su tálamo de la dormición fué elevada con su cuerpo y alma al Aposento Nupcial. Durante todos los días de su vida no cesó de enseñar sobre él, nombrándose novia del Aposento Nupcial e señalando al Cáliz como al trono vivo del Altísimo
María vivió más de cien años, cada día muriendo en Cristo y resucitando... El primer tiempo se sentía bienaventurada y felicísima. ¡Por fin ella se apoderaba plenamente de su Amadísimo y se aunaba con Él!
Lentamente se aplacaba la lucha. Nuevamente se apoderaban los ataques de angustia inaguantable que eran infinitamente largos... Le parecía a María que el Señor la abandonó. Cuando el Grial estaba fuera de su alcance, ella se enloquecía sólo de pensar que el maligno pudiera apoderarse del Cáliz (¡está tan indefenso!). Durante cualquier tiempo María pensaba también pasar el Grial a cualquier mano o esconderlo con seguridad. Pero el Salvador no se lo permitió.
No dejando de sus manos el Grial ni de noche (ella tenía miedo que el maligno lo sustrajera durante el sueño), María se hizo realmente de un compuesto con el Cáliz, fué la primera que enseñaba sobre el hueso de nácar del Grial. Y la veían como el Cáliz personificado, como el tesoro interminable de la Gota recíproca del puro amor.

Un tormento particular fueron los ataques de angustia mortal antes de su dormición. María experimentó un abandono extático, igual al que experimentó la Santísima Madre en el Monte del Ruiseñor .
Su pasional sin cesar conducía hacia los milagros asombrosos. María podía estar en decenas de países simultaneamente e instruir a millares de discípulos sin salir del retiro.
La veneración frente a ella fue indescriptible. A María la llamaban “Primera Anciana Blanca, encarnación de la Sabiduría”. Alguien habló que ella sería la Santísima Engendradora resurgida (es que al nacer José el Magnífico, ella en realidad se hizo semejante a la Purísima Virgen).

El apostolado y el poder del amor

María Magdalena, sola, conseguió convertir casi a la mitad de Europa. Con el Grial en sus manos atravesó muchos países. Por los aires se trasladaba a los otros continentes adquiriendo los millares de discípulos. En todas partes donde estuvo, dejaba en los corazones la huella profunda de los partidarios de la escuela del santo ardiente amor.
Caminaba pasando aldeas como yurodiva, despreocupándose por sus vestiduras y comida, y cantaba cánticos sobre el Cáliz. Su cántico preferido fue: “¡Oh, mi Bienamado, oh! Siempre estás conmigo. Has traspasado en mí, y yo en Tí. Nuestra unión es eterna”.
Su ser-no-de-este-mundo consistía en que cada vaso que se encontraba en sus manos (la simple taza, una cacerola) se convertía en el Santo Grial. Se obraban los milagros. El agua se volvía sanadora, mirrófora, fragante.

La influencia de María Magdalena fue enorme no sólo a las multitudes de peregrinos y adeptos, sino también a muchos gobernadores. Los estados enteros la aceptaban como a la grandísima de las profetisas que enseñaban en el Universo de la Sabiduría.

Como una gran anciana blanca, María Magdalena fue superior a sus escritos, y más aún a sus testimonios. Incluso sin hablar de Cristo, fue llenada de tan gran amor hacia los hombres, que no era posible no someterse a su egida divina y no seguirla. La llamaban “Vela inapagable personificada”, “Evangelio personificado de Cristo”, “Personificación del Espíritu Santo en la concepción inmaculada”. De ella emanaba tan gran fuerza del amor hacia Cristo que enseguida abarcaba a quien la escuchaba. De una sola mirada, como de un reflector imperecedero, el alma se encendía por el amor a Cristo.
Miles buscaban un encuentro con ella, pero María, en su frecuente permanecer en debilidades, aceptaba raramente. En sus escritos, además de las conversaciones abrasadoras con Cristo, María narraba también la terrible lucha contra el diablo que ella sufrió, las horribles tentaciones que le vinieron.., la cruz que ella ha portado para la Iglesia Crística.
María fue de modo particular bendecida por el Padre Celestial para enseñar sobre el poder del amor, a elevar el camino misterioso de Cristo, el poder del puro amor a través de la virginidad eterna, la divinización, los sellos del Espíritu Santo, la acumulación del Espíritu Santo y la Sabiduría.
El ungido es aquél quien en la perfección ha asimilado el poder del amor, y recurre sólo a él. A las mujeres de diferentes edades, María Magdalena les explicaba: no hay vocación superior para una mujer, que enamorarse de Cristo, la personificación de la hombría divina. La predestinación del alma humana, entrar en el matrimonio con Cristo que permanece en la tierra en el altar del Santo Cáliz mírrico.

Es el tiempo de ver a Cristo como Ella lo vio

Es el tiempo de ver a Cristo como Ella lo vio. Así como Cristo es imposible sin la Madre de Dios, la Iglesia de Juan es impensable sin María Magdalena. De su tesorería y santuario, los millares de ungidos traían la sabiduría, en un breve plazo mereciendo los niveles altos de la iniciación a Cristo.
El camino cátaro de la santidad como del demente amor procede de María Magdalena. Esto se calla por Roma. Muchos visionarios (posteriormente canonizados por la iglesia romana) tenían visiones y revelaciones de Maria Magdalena, directamente eran instruidos por ella y recogieron sus sellos.
El teogamísmo eslavo y el catarismo por su existencia en mucho se deben al amor hacia María Magdalena. En su memoria erigían las catedrales y los templos. Muchos caballeros incesantemente la veían frente a sus ojos como el vivo Cáliz mírrico de Cristo y le daban sus vidas. En el catarismo eslavo de los siglos I hasta el VIII se contaban más de mil templos y capillas, tronos y altares en honor a María Magdalena.
Nuestros padres, en su triunvirato eslavo-cátaro-solovkiano, la consideran segunda después de la Madre de Dios. Santa Eufrosinia al elevarse al Aposento Nupcial se encontraba con María Magdalena y durante mucho tiempo aprendía de ella...

María Magdalena quiere presentar hoy a Cristo como ella lo vio. Muchos de los misterios impresos en su corazón pueden descubrirse sólo en la civilización del siglo futuro. María está feliz de revelarse hoy a los herederos crísticos. Ella proclama desde el Cielo: “¡Nuestro tiempo ha llegado! ¡Ha llegado nuestra hora! ¡Por fin oirán los millones a Cristo! Por fin Lo podrán percibir sin desconfianza, sin preguntas vacías que ultrajan Su grandeza. Por fin han llegado aquéllos que Le esperaban desde la hora de la propia concepción, el nacimiento desde el cielo”.

El libro está preparando para la publicación. Sobre más información preguntad, por favor, en el Centro Cátaro de Cataluña.

 

 
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